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El sol de la mañana estaba todavía cerca del horizonte brillaba frío e ingrato, proyectando larga sombras sobre el suelo, cubierto por una delgada costra de nieve. Desde donde se hallaban podían ver la calle de un extremo a otro, con sus edificios de madera grises maltratados por el tiempo; pero lo primero que advirtieron fué el silencio. Salvo un airecillo que gemía levemente por las casas vacías, reinaba un silencio de muerte. Por todos lados se veían cadáveres amontonados y tirados por el suelo en actitudes de paralizada sorpresa.

Pero no se oía sonido alguno..., ni el runruneo tranquilizador de un auto, ni el ladrido de un perro, ni el llorar de un niño.

Silencio.

Los dos hombres se miraron. Se daban cuenta, con dolorosa percepción, de lo mucho que había que aprender, que hacer. Aquel pueblo había sufrido una calamidad terrible. Y ellos habían de descubrir todo lo que pudieran al respecto. 

Solo sabían dos cosas. Una, que al parecer el desastre había empezado con la llegada del Scoop VII. Otra, que la muerte se había enseñoreado del pueblo con una rapidez pasmosa.

Ambos permanecieron sin decir nada, mirando a su alrededor, notando el tiron del aire dentro de sus voluminosos trajes. Finalmente Stone comentó:

--¿Porque estan todos fuera de casa, en la calle? si fué una enfermedad que vino de noche, la mayoría tenían que estar en sus casas.

--No es esto solamente --añadió Burton--, sinó que la mayoría llevan pijama. Anoche hizo bastante frío. Uno pensaría que habían de pararse un momento para ponerse una chaqueta, o un impermeable. Algo que mantuviese el calor.

--Quizá tuvieron mucha prisa.

--¿Para qué? --replicó Burton.

--Para ver algo --Aventuro Stone con un encogimiento de hombros.

Burton se inclinó sobre el primer cadáver que hallaron a su paso.

--Es raro --dijo--. Fijese en como se agarra el pecho este hombre. Son bastantes los que tienen ese mismo gesto.

Mirando los cadaveres, Stone vió que uchos se apretaban el pecho con las manos; unos teniendolas abiertas, otros como queriendose clavar las uñas.

--No dan la impresión de haber sufrido --comentó--. Sus rostros tienen una expresión muy pacifica.

--Como asombrados, en realidad --Asintió Burton--. Se diría que les abatieron de repente, en mitad de un paso. Pero oprimiendose el pecho con las manos.

--¿Cosa de la coronaria? --Aventuró Stone.

--Lo dudo. Deberían hacer una mueca... La coronaria es muy dolorosa. Lo mismo sucede con la embolia pulmonar.

--Si el microbio actuó con tanta rapidez, no hubieran tenido tiempo.

-- Acaso. Pero, no se porque, opino que esta gente murió sin sufrir. Lo cual significa que se llevaban las manos al pecho porque...

--No podian respirar --concluyó Stone.

Burton hizo un gesto de asentimiento.

--Es posible que estemos contemplando una serie de asfixias. Una asfixia rápida, sin dolor, casi instantanea. Pero lo dudo, si una persona no puede respirar lo primero que hace es aflojarse la ropa en la zona del cuello y el pecho. Fíjese en aquel hombre de allá..., lleva corbata y no la ha tocado siquiera. Y aquella mujer con el cuello del vestido bien abotonado.

Burton recobraba paulatinamente la compostura despues de la primera impresión sufrida al ver el pueblo. Y empezaba a pensar con claridad. Entonces se encaminaron hacia la furgoneta, parada en el centro de la calle, con los faros todavía despidiendo una luz debil. Stone metió la amno dentro del vehículo para apagarlos. Luego apartó el envarado cuerpo inclinado sobre el volante y leyó el nombre bordado en el bolsillo superior de la chaqueta esquimal.

"Shawn"

El hombre sentado, muy tieso, en la trasera de la furgoneta era un soldado llamado Crane. Ambos estaban agarrotados por la rigidez cadavérica. Stone indicó con la cabeza el equipo de la trasera de la furgoneta.

--¿Funcionará eso todavía?

--Yo creo que sí --dijo Burton.

--Entonces busquemos el satélite. Es nuestra primera tarea. Luego podemos pensar en... --Aquí se interrumpió. Contemplaba la faz de Shawn, quien por lo visto se había caido sobre el volante en el momento de morir y se había producido un largo corte arqueado en la cara, rompiendose el arco de la nariz y desgarrandose la piel--. No lo entiendo --dijo.

--¿Que no entiende? --inquirió Burton.

--Esa herida. Mirela bien.

--Muy limpia --dijo Burton--. Notablemente limpia en verdad. Practicamente no ha sangrado nada... --Y en eso se dió cuenta y quizo rascarse la cabeza, pasmado, pero el casco de plastico le detuvo la mano--. Un corte así --dijo-- en la cara. Capilares rotos, hueso roto, venas del cráneo desgarradas..., hubiera tenido que sangrar a mares.

--Si --dijo Stone--. Hubiera debido. Y mire los otros cadáveres. Hasta allí donde los buitres han picoteado, ninguno sangra.

Burton Abrió los ojos con asombro creciente, ningun cadáver había perdido ni una sola gota de sangre. El patologo se pregunto, como no lo habia advertido antes.

-- Quiza el mecanismo de accion de esta enfermedad...

--Si --dijo Stone--, pienso que quiza tenga usted razon. --Profirio un sonido y saco a Shawn fuera de la furgoneta, trabajando denodadamente para deslizar el cuerpo de detras del volante--. Vallamos en busca del condenado satelite --dijo--. Esto esta empezando a inquietarme de veras.

Burton paso a la parte trasera de atras y saco a Crane por las portezuelas traseras; luego volvio a subir al vehiculo mientras Stone hacia girar la llave de ignicion, el arranque giro perezosamente, pero el motor no se puso en marcha.

Stone pasó varios segundos probando de arrancar, luego dijo:

--No lo entiendo. La batería esta baja, pero debería de haber suficiente...

-- ¿Como andamos de gasolina? --preguntó Burton.

Despues de unos momentos de silencio, Stone soltó una palabrota. Burton sonrió y salto del coche. Los dos científicos se fueron andando a la estación de servicio, buscaron un cubo y lo llenaron de gasolina del surtidor. Cuando tuvieron gasolina suficiente regresaron hacia la furgoneta, llenaron el depósito y Stone volvió a probar.

El motor arrancó.

--En Marcha --dijo Stone, sontiendo.

Burton trepó a la trasera, abrió el interruptor del equipo electrónico y puso en movimiento la antena rotatoria. En seguida se oyó el leve pitido intermitente del satélite.

--La señal es debil, pero todavía se nota. Suena por allá, a nuestra izquierda.

Stone entró una marcha y arrancaron, sorteando los cadaveres de la calle. El pitido aumentó de intensidad. Continuaron por la calle mayor, dejando atras la estación de servicio y la tienda. El pitido se debilitó.

--Hemos corrido demasiado. Dé la vuelta.

A Stone le costo un rato encontrar la marcha atrás; luego retrocedieron, siguiendo la intensidad del sonido. Transcurrieron otros quince minutos antes de que pudieran localizar el origen de los pitidos hacia el norte, en las afueras de la aldea.

Por fin pararon ante una casita de madera de un solo piso. Azotado por el viento, gemía un letrero que decía: "Doctor Alan Benedict"

--Debiamos figurarnoslo --dijo Stone--. Llevaron el aparato al médico.

Ambos bajaron de la furgoneta y subieron al porche de la casa. La puerta de la fachada estaba abierta, dando golpes, empujada por la brisa. La sala de estar la hallaron desierta. Doblando hacia la derecha, toparon con el despacho del Doctor.

Allí estaba Benedict, regordete y con el cabello blanco, sentado detrás de su mesa, sobre la cual había varios libros de texto abiertos. Unos estantes arrimados a una pared sostenian frascos, jeringas, retratos de su familia y varias otra fotografías mostrando hombres con uniformes de soldados.

Benedict había fallecido mirando inexpresivamente hacia un rincon del cuarto, muy abiertos los ojos, tranquila la expresión del rostro.

--Vaya --Comentó Burton--, lo cierto es que Benedict no salió de su casa...

Y entonces vieron el satélite.

Estaba en pocisión vertical; era un liso, pulido cono de tres pies de altura. El calor de la entrada a la atmosfera había agrietado y chamuscado los bordes. Lo habían abierto a lo bruto, al aprecer mediante el auxilio de unas tenazas y una palanca que había en el suelo junto a la cápsula.

--El granuja lo abrió --comentó Stone--. Vaya canalla estúpido.

--¿Que podía saber él?

--Hubiera podido preguntarlo --replicó Stone. Y exhaló un suspiro--. Sea como fuere, ahora ya lo sabe. Y tambien lo saben cuarenta y nueve personas mas. --Con esto se inclinó sobre el satélite y cerró la escotilla triangular--. ¿Trae el recipiente?

Burton sacó el doblado saco de plastico y lo abrió. Entre los dos lo apsaron por encima y alrededor del satélite, y luego lo cerraron.

--Deseo con ansias que quede algo --murmuro Burton.

--En cierto modo --musito Stone-- yo deseo que no.

Ahora fijaron su atención en Benedict. Stone se acerco al cadaver y lo zarandeó. El hombre se desplomo rígidamente de su silla para el suelo.

Burton se fijó en los codos y una viva exitación le domino de pronto. Inclinado sobre el cadaver, le pidió a Stone:

--Venga. Ayudeme.

--¿A que?

--A desnudarle.

--¿Para que?

--Quiero observar la lividez.

--¿Para que?

--Espere un poco --respondió Burton.

Y empezó a desabotonar la camisa del médico difunto y a bajarle los pantalones. Los dos científicos trabajaron en silencio unos momentos hasta que el cadáver del doctor quedó desnudo en el suelo.

--Ahí tiene --dijo Burton, levantandose y retrocediendo un paso.

--¡Que me cuelguen! --exclamó Stone.

Normalmente, cuando un persona fallecía, la sangre se iba filtrando en los puntos bajos, arrastrada por la gravedad. El que moría en la cama tendría la espalda cárdena por la sangre acumulada.

Pero Benedict, que había fallecido sentado, no tenía nada de sangre en los muslos. Ni en los codos, que descansaron sobre el sillón. 

--Un hallazgo bastante singular-- dijo Burton. Paseo los ojos por la pieza y descubrió un pequeño autoclave para esterilizar instrumentos. Abriolo y sacó un mango de bisturí, insertandole una hoja -- Con mucho cuidado de no perforar el traje--, y luego regresó a donde estaba el cadáver.

--Elegiremos la arteria y las venas mas superficiales-- anunció.

--¿Cuales son?

--Las radicales, en las muñecas.

Manejando el bisturí con mucho cuidado, Burton clavó la hoja y la hizo correr por la piel de la cara interior de la muñeca, hasta la base del pulgar. La piel de la herida se abrió, pero no manó sangre por ninguna parte. Burton puso al descubierto tejido graso subcutáneo. No sangró nada.

--Pasmoso.

Burton profundisó más. La incisión continuo sin sangrar. De súbito, bruscamente dió con un vaso. Al suelo cayó una materia negro rojiza que se desmenuzaba por si sola.

--Coagulada en estado sólido --dijo Burton.

--No es raro que la gente no sangrase.

--Ayudeme a volverle del otro lado --dijo Burton.

Entre los dos colocaron el cadaver boca arriba, esta vez en el pecho. Despues de dejar las costillas al descubierto, revolvió el consultorio del doctor en busca de un cuchillo bien cortante. Quería un Osteotomo, pero al no hallar ninguno se dicidió por la palanca que había servido para abrir la cápsula. Con ella corto varias costillas para dejar los pulmones y el corazon al descubierto. Tampoco ahora hubo el menor derramamiento de sangre.

Burton inspiro profundamente; luego abrio el corazon, inclinando el corte hacia el ventrículo izquierdo.

El interior estaba llena de una materia encarnada, esponjosa. No contenía ni una gotita de sangre líquida.

--Coagulada y sólida --repitió--. No cabe duda.

--¿Tiene alguna idea de que sustancia puede coagular la sangre de este modo?

--¿Todo el sistema vascular? ¿Cinco cuartos de galón de sangre? No. --burton se sentó con gesto fatigado en el silón del médico local, fija la mirada en el cadaver que acababa de abrir--. Jamás tuve una noticia de algo semejante. Existe una cosa a la que llaman coagulación intravascular diseminada, pero es muy rara y requiere todo un conjunto de sustancias especiales para iniciarse.

--¿Podría producirla una sola toxina?

--En teoria, supongo que si. Pero en la practica no hay ni una sola toxina en el mundo capaz...

Y se interrumpió.

--Si --dijo Stone--. Supongo que tiene razón.

Cogió el satélite designado con el nombre Scoop VII y lo llevó a la furgoneta. Al regresar dijo:

--Será mejor que registremos las casas.

--¿Empezando por esta?

--Lo mismo da --respondió Stone--.

Fué Burton quien encontró a la Señora Benedict. Era una mujer de mediana edad y aspecto agradable, sentada en una silla y con un libro en el regazo, parecía dispuesta a volver una hoja. Burton la examinó Brevemente y luego oyó que Stone lo llamaba.

Enseguida se fué al otro extremo de la casa. Stone estaba en un dormitorio pequeño, inclinado sobre el cadaver de un joven adolescente tendido en la cama. Era, evidentemente su habitación; carteles psicodelicos en las paredes, modelos de aeroplanos en la repisa de la izquierda.

El muchacho yacía de espaldas, abiertos los ojos, fija la mirada al techo. Tenía la boca abierta. Una mano crispada opimia un tobo de pegamento para modelos de aeroplanos; la cama aparecía sembrada de botellas vacias de grasa de aeroplano, disolvente de pintura.

Stone retrosedió un paso.

--Eche una mirada.

Burton se inclino para mirar el interior de la boca, metió un dedo dentro de ella y tocó la masa, que se había endurecido.

--¡Buen Dios! --Exclamó.

Stone arrugaba la frente.

--Esto requirió un tiempo --dijo--. Fuese lo que fuere lo que le indujo a dar un paso tan terrible, el paso en si requirió un tiempo. Indiscutiblemente, nosotros simplificabamos las cosas en exceso. No todo el mundo pereció instantáneamente. Algunas personas murieron dentro de sus casas; otras salieron a la calle. Y ese muchacho.. --Dejó la frase en el aire y meneó la cabeza--. Vamos a revisar las otras casas.

Una casa en la que habia un hombre, su esposa y una muchacha joven, sin duad hija de estos, sentados alrededor de la mesa. Por lo visto había comido y se sentían tranquilos y dichosos; ninguno de los tres tuvo tiempo de apartar la silla siquiera. Continuaban petrificados en actitudes de buena convivencia, sonriendose unos a otros, con los platos delante, llenos de comida que ya se estaba corrompiendo y se cubría de moscas.

Stone se fijó en las moscas que zumbaban mansamente por la habitación, y se dijo que convenía que las recordase.

Una anciana; cabello blanco, cara arrugada. Sonreía dulcemente, columpiándose colgada de una soga atada a una viga, la soga crepitaba.

A sus pies había un sobre. Con una caligrafía esmerada, pulcra, sin prisas: "A quien pueda interesar".

Stone abrió el sobre y la leyó en Voz alta:

"El dia del juicio esta al llegar. La tierra y las aguas se abrirán y el género humano será exterminado. Que Dios se apiade de mi alma y de las personas que se apiadaron de mí. Los demás que se vayan al Diablo. Amen".

Burton escuchó bien la lectura.

--Una vieja loca --dijo--. Demencia senil. Vio que a su alrededor perecían todos y perdió el juicio.

-- ¿Y se Suicido?

--Si, eso creo.

--Una manera extraña de matarse, ¿No le parece?.

--Aquel muchacho tambien encontró una manera extraña --dijo Burton.

Y Stone movió la cabeza, asientiendo.

Roy O. Thompson, que vivía solo. Por el grasiento mono que vestía dedujeron que era en encargado de la estación de servicio. Por lo visto, Roy había llenado la bañera de agua, luego se había arrodillado, había hundido la cabeza en el líquido y había permanecido allí hasta que expiro. Cuando encontraron su cuerpo estaba rígido; continuaba con la cabeza metida en el agua.

No había nadie mas allí; No se notaban señales de lucha.

--Imposible --dijo Stone--. Nadie es capaz de suicidarse de este modo.

Lydia Everet, una costurera de la aldea que había salido sosegadamente al patio de su casa, se había sentado en una silla, se había regado gasolina y había encendido un fósforo.

Cerca de los restos de su cuerpo, encontraron el reventado bote de combustible.

William Arnold, de unos sesenta años, sentado, muy tieso en una silla, vistiendo uniforme de la Primera Guerra Mundial. En aquella contienda fué capitán, y había vuelto a considerarse como tal por una ultima vez, antes de perforarse la cien derecha con un "Colt del 45".  Cuando lo encontraron, no descubrieron ningun rastro de sangre en el cuerpo, tenía un aire casi risible, sentado allí, con un agujero limpio, seco, en la cabeza.

A su lado había un magnetófono; su ano izquierda reposaba sobre la caja. Burton miró interrogativamente a Stone, luego, puso el apratado en marcha.

Una voz temblorosa e irritada les decía:

"Anoche perdimos el cuarenta por ciento tramontando la cumbre y dos oficiales nuestros se estan pudriendo por ahí. Esto no marcha bien, ni mucho menos. ¡Ojala estuviera aqui Gary Cooper! Necesitamos hombres así, los hombre que hicieron fuerte a América. Ahora nos estan quemasndo, viene el gas. Se ve morir a la gente, y no tenemos mascara antigás. Haré ahora mismo lo que hay que hacer. Lamento no tener mas que una vida para defender a mi pais".

La cinta continuó rodando, pero en silencio. Burton la paró

-- Estaba demente --dijo--. Loco de atar.

Stone asintió con el gesto.

--Unos murieron al instante, y los otros... perdieron el juicio sin mucho alboroto.

--¿Acaso exista un cierto grado de inmunidad contra este microbio? --dijo Burton--. 

-- Ya sabe --andujo Stone--, tenemos aquel informe de los aviadores y aquellas vistas de un hombre vivo aqui abajo. Un hombre con bata Blanca.

Y en ese momento oyeron un llanto.

Al principio se asemejaba al ruido del viento, tan agudo, delgado y persistente sonaba, pero continuaron escuchando, sintiendose desconsertados, primero y luego atónitos. El llanto persistió, interrumpido por unas tosecitas secas.

Salieron Corriendo.

Corrieron calle arriba, pareció que cobraba volumen, lo cual les espoleó a correr más.

Y entonces el sonido paró bruscamente.

Los dos hombres se detuvieron jadeando, para recobrar el aliento, el pecho agitado. Ambos permanecian inmoviles en le centro de la calle, cálida, desierta, mirandose uno al otro.

--¿hemos perdido la cabeza? --preguntó Burton.

--No --dijo Stone--. Lo hemos oido, no cabe duda.

Aguardaron. Durante varios minutos reinó un silencio total.

Burton miraba calle abajo, conla mirada recorria las casa, la furgoneta-jeep, aparcada en la otra punta, delante de la casa del doctor Benedict.

El llanto empezó de nuevo, muy fuerte, verdadero aullido de frustración.

Echaron a correr.

No estaba lejos, solo dos casas arriba, a mano derecha. Delante de la vivienda, en la acera, yacían un hombre y una mujer, con las manos crispadas sobre sus pechos. Burton y Stone entraron a la casa sin detenerse. El llanto sonaba mas fuerte todavía, llenando las habitaciones desiertas.

Subieron a la carrera al piso superior y llegaron al dormitorio.

Una gran cama doble, un espejo un armario.

Y una cunita

Ambos se inclinaron sobre ella y doblaron la smantas, dejando al descubierto a un niño pequeño, con la cara muy encarnada y sobradamente afligida. El nene dejo de llorar para examinar sus rostros, encerrados en los trajes de plastico.

luego, reanudo los berridos.

--Tiene llanto de asustado --dijo Burton--. ¡pobrecillo!

Lo tomo y lo meció. El pequeño siguio llorando.

--Seguro que tiene hambre --dijo Burton.

Stone arrugaba el ceño.

Aparcaron la furgoneta en el centro de la calle mayor, debajo del helicoptero, y le hicieron señal de que bajase la escalera. Burton traia el niño, y stone llevaba el satélite. Ahora el pequeño callaba.

Por fin el helicoptero descendió, levantando espirales de polvo. Burton cubrió la cara del niño con las mantitas, para protegerle. La escalera descendió, el trepó en ella con dificultad.

Stone aaguardó en el suelo, plantado en medio del torbellino de aire y polvo, con la capsula en brazos.

Y de pronto se dió cuenta de que no estaba solo en la calle.

Volvióse y vio a un hombre plantado detrás de él. Era un anciano con el cabello cano y escaso y una cara rrugada.

--Quien es usted --inquirió Stone--.

--Ustedes... Lo hicieron...

--¿Como se llama?

--No me maltrate..., no soy como los demás...

Temblando de miedo, contemplando a Stone dentro del traje.

--No me haga daño...

--No se lo haremos --inquirió Stone--. ¿Como se llama?

--Jackson. Peter Jackson, señor porfavor, no me maltrate. --Con el ademasn señalo a los cadaveres de la calle--. Yo no soy como los otros...

--NO le haremos ningun mal.

--A  los otros se lo han echo.

--No. No hemos sido nosotros.

--Han muerto¡

--No tuvimos nada que...

--Miente¡ Miente. No es un ser humano, solo aparenta serlo. Sabe que conmigo puede fingir. Estoy sangrando. Lo sé. He tennido este... este..este...

Tartamudeo y luego se dobló, llevandose las manos al estómago y haciendo una mueca de dolor.

--¿Le ocurre algo?

--El estomago --jadeo--.

Y enseguida empezó a vomitar. El vomito salia espeso, de un tojo oscuro, rico en sangre.

--Señor Jackson.

Pero el hombre no respondia. Por un momento Stone penso que había muerto, luego vio que su pecho se movia, lenta; muy lentamente.

Burton volvió a bajar.

--Quien es?

--Nuestro amigo errante, Ayudeme a subirlo.

--Esta vivo?

--Hasta el momento.

Utilizaron el torno mecánico para izar el cuerpo inconsciente de Peter, despues poco a poco subieron la capsula.

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